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El puente medieval de Arévalo que vuelve a lucir como hace siglos

ABC Viajar
Actualizado:18/09/2021 01:45h
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El puente de Valladolid situado en Arévalo (Ávila) era uno de esos lugares conquistados por las malas hierbas y del que era fácil aventurar el peor pronóstico. Sufrió riadas, inundaciones, guerras, demoliciones y, especialmente, el olvido. En 2010 entró la Lista Roja del Patrimonio que elabora la asociación Hispania Nostra, con un grave riesgo de derrumbamiento total.

Once años después, el puente luce de nuevo su antiguo esplendor, tras las obras de rehabilitación llevadas a cabo, con un presupuesto de 170.060 euros. Han desaparecido los hierbajos, se ha consolidado la estructura del puente y se han recuperado los pretiles laterales para que pueda ser recorrido sin dificultad (y sin peligro de caídas). Con todo ello ha vuelto a estar en la Lista Verde de Hispania Nostra.

Estructura del renovado puente de Arévalo

Aunque de origen romano, se trata de una histórica construcción medieval del siglo XIV, de estilo gótico mudéjar, hecho a base de ladrillo macizo, piedra caliza rajuela y argamasa de cal y arena.

Una lápida atestigua una de las últimas restauraciones durante el reinado de Carlos III, en el año 1781, debido a una gran crecida del río Adaja que había derribado parte de su estructura.

El puente fue puerta de la muralla de la villa, pues en el lado sur existió una torre almenada con arco ojival unida al lienzo norte de la muralla, hasta que en el año 1889 fueron derribadas tanto la torre como el lienzo.

Aspecto actual del puente de Valladolid, en Arévalo

En la intervención realizada ahora se han utilizado métodos constructivos tradicionales, sin hierro ni hormigón, reconstruyendo todos los paños derruidos de mampostería entre verdugadas y machones de ladrillo de tejar, con mortero de cal hidráulica. También se ha consolidado el relleno interior del perfil del puente derruido tras perder los espejos exteriores.

La calzada del puente ha sido renovada mediante un pavimento de codón encintado con losas de granito. Se ha procedido a limpiar las atarjeas de evacuación del agua de lluvia, que estaban cegadas, rebajando el nivel del terreno actual para que sean operativas con el nuevo pavimento. Y, por supuesto, se ha eliminado la vegetación más agresiva con el monumento.

Villa de puentes

Arévalo está circundada por los ríos Adaja y Arevalillo, de tal forma que los puentes siempre han sido necesarios para entrar en la ciudad. Son obra mudéjar, con arcos de diferente módulo encuadrados por un alfiz y fábrica en que se mezclan mampostería, ladrillo, tapial y canto rodado. El de San Pedro de Valladolid, o Puente Llana, tenía hasta siete ojos de arcos apuntados. El puente de Medina (siglo XIV) cruza el río Arevalillo y tiene tres grandes arcos de perfil apuntado. Fue declarado monumento histórico artístico. El puente de los Barros, sobre el Arevalillo, es del s. XII, mudéjar, muy sencillo, con un solo vano con triple arquivolta, cenefa de ladrillos en esquinilla y el característico alfiz.

Un día en Arévalo

Arévalo es una localidad de unos 8.000 habitantes bien conocida por los turistas de fin de semana. Es la
capital del cochinillo, un plato acreditado en el lugar al menos desde 1878. Incluso le han dedicado un monumento. Pero es también una villa mudéjar en la que pasó gran parte de su infancia y juventud Isabel la Católica.

Hay infinidad de paradas y unas cuantas iglesias en las que conocer mejor la historia de uno de los pueblos más interesantes de Ávila. El paseo debe empezar en el Arco o Puerta del Alcocer (la entrada principal a la antigua villa) y seguir por la inmediata Plaza Real (la plaza más bonita, sin embargo, es la Plaza de la Villa), la Iglesia de San Nicolás de Bari (s. XVI), en un estado mejorable, y la imprescindible Iglesia de San Martín, una edificación con dos torres, la Torre de los Ajedreces y la Torre Nueva, y una galería porticada compuesta por diez arcos de medio punto. La iglesia de Santa María la Mayor y la de San Miguel son buenas representaciones de la impronta del mudéjar en este lugar. Y allá arriba, el Castillo de Arévalo, donde se halla el Museo del Cereal, que por supuesto debe figurar en nuestro paseo.

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