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La leyenda negra del Chelsea Hotel

Nacho Serrano
Actualizado:19/08/2021 01:01h
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Si sale adelante la demanda de una mujer que acusa a Bob Dylan de abusar de ella en el Chelsea Hotel, y la carrera del cantautor queda finiquitada por la cultura de la cancelación, sería una tremenda broma del destino. Allí, en una de sus habitaciones, murió por un coma etílico Dylan Thomas, el poeta que inspiró el nombre artístico del autor de ‘Blowin’ in the wind’.

En el edificio, abierto en 1884 como una suerte de experimento comunal inspirado por las teorías de Charles Fourier, y convertido en hotel en 1905, también se hospedaron literatos como Mark Twain, William Dean Howells o William Burroughs. También Jack Kerouac, que según cuenta la leyenda sedujo al mismísimo Gore Vidal para

 acostarse con él en una cama roñosa. Pero fue a partir de los años sesenta cuando adquirió el estatus de icono pop arquitectónico.

En 1966, la actriz Edie Sedgwick se empeñó en dormir en su habitación a la luz de un candelabro. A pesar de que Leonard Cohen, otro habitual del lugar, le advirtió del peligro de salir ardiendo de allí, ella se durmió con las velas encendidas y prendió fuego a la habitación. Ese mismo año, Sedgwick sufrió un ataque de nervios y se mudó a otro hotel.

En esa misma época, cantantes como Nico, Joni Mitchell o el grupo Jefferson Airplane dedicaron letras al hotel, igual que el propio Cohen, que describió en su canción ‘Chelsea hotel #2’ cómo Janis Joplin le hizo una felación en su suite, tras convencerla de que era su ídolo Kris Kristofferson durante un breve encuentro en el ascensor: «I remember you well in the Chelsea hotel / you were talking so brave and so sweet / giving me head on the unmade bed / while the limousines wait in the street» («Te recuerdo bien en el hotel Chelsea / hablabas tan valiente y tan dulce / haciéndome una mamada en la cama deshecha / mientras las limusinas esperaban en la calle»). Años más tarde, a Milos Forman estuvo a punto de pasarle algo parecido: «Una chica entró totalmente desnuda al ascensor, pero como yo me quedé sin saber qué hacer, se marchó al parar en el siguiente piso. Nunca volví a verla».

Los setenta también fueron años moviditos en el Chelsea Hotel. Al poco de disolverse los Sex Pistols, en el ’78, Sid Vicious y su infame novia Nancy Spungen se alojaron en el hotel para ponerse hasta arriba de heroína día sí día también. Al poco de establecerse allí, Spungen fue hallada muerta, apuñalada en la habitación 100. El volcánico bajista se declaró inocente del crimen, aunque la policía localizó más tarde el arma homicida con sus huellas dactilares. Sin embargo se libró del juicio, porque se fue al otro barrio tras inyectarse una sobredosis letal.

Allí también ocurrieron, por supuesto, muchas cosas bonitas. En 1961, el artista francés Yves Klein escribió allí el ‘Manifiesto Chelsea’, que decía: «Es necesario crear y recrear una fluidez física constante para recibir la gracia que permite una creatividad positiva que surja del vacío». En 1969, Robert Mapplethorpe hizo sus primeras fotografías con una Polaroid que le prestó la artista Sandy Dealy. Tuvo una musa de excepción, Patti Smith, con la que estaba compartiendo la habitación 1017, (‘famosa por ser la más pequeña del hotel’), como escribió la cantante en sus memorias. «Fue un tremendo golpe de suerte aterrizar allí … vivir en este excéntrico y maldito hotel me proporcionó una sensación de seguridad y una educación estelar», dijo la madrina del punk. Andy Warhol rodó allí ‘Chelsea Girl’, el primer éxito de The Factory, Arthur C. Clarke escribió ‘2001: Una odisea en el espacio’ en una de sus habitaciones, y Arthur Miller hizo lo propio con ‘Después de la caída’. «Era un lugar donde te podías drogar por el humo de la marihuana en los ascensores. Era la cima del surrealismo, un lugar que no pertenecía a Estados Unidos, donde no había aspiradoras, ni reglas ni vergüenza». Madonna, que había residido allí en los ochenta, volvió en 1992 para hacer una sesión de foto para su libro ‘Sex’. Otro escritor, Joseph O’Neill, vivió en el hotel durante seis años y escribió allí su famosa novela ‘Netherlands’, cuyo protagonista se refugiaba en el hotel tras los ataques del 11-S. Tres años después de publicarse el libro, el hotel cerró, y aún sigue a la espera de encontrar una inversión que lo devuelva a la vida.

El propio Bob Dylan, que vivió varias temporadas en la habitación 211, encontró allí la inspiración para componer dos canciones, ‘Sad-eyed Lady of Lowlands’ en 1966, y ‘Sarah’ en 1976, esta última dedicada a su mujer y con un guiño a la anterior: «Staying up for days in the Chelsea hotel / writing ‘Sad Eyed Lady of the Lowlands’ for you» («Me he quedado despierto durante días en el hotel de Chelsea / escribiendo ‘Sad Eyed Lady of the Lowlands’ para ti»). Pero cuando termine el procedimiento judicial abierto tras la demanda que le acusa de drogar y violar allí a una niña de doce años, quizá haya que añadir otro capítulo a la historia del Chelsea Hotel, el más turbio de todos.

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