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«Sigo esperando que vengan a decirme que mis nietos están muertos»

Toni JiménezSEGUIRVALENCIA
Actualizado:02/06/2021 16:37h
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La tercera sesión del juicio contra los padres acusados de matar a sus dos hijos en un ritual en Godella ha estado marcada por la declaración de la abuela materna, que alertó sin éxito a las autoridades del peligro que corrían sus nietos días antes del doble crimen.
Amiel e Ixchel, de tres años y medio y seis meses, murieron tras recibir multitud de golpes durante la madrugada del 13 al 14 de marzo de 2019 y fueron enterrados en el jardín de la casa de campo que la familia ocupaba ilegalmente.

Los nueve miembros del jurado popular han escuchado el relato cronológico de la madre de María G., que empieza con el impactante mensaje que recibió de parte de su hija dos días antes del infanticidio: «Gracias por todo, Creador. Me voy contigo. Adiós mamá».

La mujer alertó a la Policía local de Godella creyendo que su hija se había suicidado y cuando llegó a la vivienda se encontró a Amiel «al borde la piscina desnudo» y señalando al agua verde mientras llamaba a su madre. El padre, Gabriel C. según ha explicado, salió «hecho una furia» por haberle despertado de la siesta enviándole a los agentes, que se marcharon al dar por solucionado el asunto.

Tras comprobar que la bebé estaba bien, «entro en la habitación y me encuentro a mi hija acurrucada en un rincón, tapada con una manta y me dice: no has entendido el mensaje». «Tú no sabes lo que haces por las noches. Vas matando niños con la secta», ha aseverado que le espetó su hija. «Tenían una obsesión brutal con una secta de pederastas que iban detrás de ellos», ha apuntado.

En ese momento, ambos la acusan de abusar tanto de sus hijos -de María y de su hermano- como de su nieto y amenazan con denunciarla. «Me voy a casa destrozada y llamo a mi psiquiatra porque me dice que puede actuar de urgencia sin avisar al juez», un trámite que le «denegaron».

«Yo llamaba a todos los sitios donde ponía ‘menores’ o ‘infancia’» sin que le ofrecieran una respuesta clara ante la situación de peligro en la que se encontraban los niños. Horas antes del crimen, el mismo 13 de marzo,
logró contactar con la Fiscalía de Menores y denunció a los procesados en el juzgado de guardia, con el compromiso de que actuarían durante esa tarde o esa noche. Pero, «por lo visto, lo pasaron sin el sello de urgencia al juzgado de Paterna», ha lamentado.

A la mañana siguiente, su hijo le llamó para anunciarle que María y los niños habían desaparecido. Los agentes le dijeron que esperara en casa y que le llamarían si había novedades en el dispositivo. «Estoy esperando a día de hoy que vengan a decirme que mis nietos se han muerto», ha reprochado, haciendo alusión a la «ansiedad» que le provoca todavía escuchar el ruido de un helicóptero, en referencia a los medios aéreos que se utilizaron durante la batida.

A las 21 horas, sin noticias, y ante el miedo de que la Guardia Civil detuviera la búsqueda, se presentó en el cuartel. «Había mucha prensa y me enteré de que mi hija había aparecido», precisó la abuela

Según su versión, a las nueve de la noche, sin noticias y ante el miedo de que la Guardia Civil detuviera la búsqueda, la abuela materna decidió presentarse en el cuartel de Moncada. Allí vio a «mucha prensa» y se enteró de que su hija había aparecido. «De vuelta a casa empiezan a sonar todos los móviles en el coche. Había salido en la tele antes que me lo dijeron a mí».

«Tu hija está muy bien, nerviosa como todas las madres»

La madre de María acudía constantemente a la casa de campo que la familía ocupaba para llevarles comida y les aconsejaba que recibieran asistencia médica, algo que los acusados rechazaban: «Todo el que llevaba uniforme de cualquier tipo era el enemigo. Me decían que la loca era yo».

La testigo ha recordado lo ocurrido el 16 de febrero, justo un mes antes del crimen, cuando la familia pasaba unos días en su vivienda de Massarojos. María desapareció de madrugada con la niña y las encontraron en la huerta «buscando a sus ancentros». La bebé de apenas cinco meses estaba «congelada». «Mi hija me decía que yo solo quería encerrarla y pegarle», ha indicado.

Un suceso que se volvió a repetir horas después y ante el que Gabriel, al que ha acusado de controlar los mensajes y las conversaciones que tenía su hija, adoptó una actitud pasiva, según su versión. «Ya volverá», ha asegurado que decía su yerno.

Finalmente, la mujer consiguió que María se pusiera en manos de los profesionales del centro de salud mental de Godella, algo que ya había intentado sin éxito cuando nació Amiel. «La psiquiatra me dijo: tu hija está muy bien, nerviosa como todas las madres», ha señalado, al tiempo que la definió a ella como una madre «muy controladora». «Yo llevo 20 años y sé cuándo alguien está enfermo y cuándo no», ha afirmado que le respondió la psiquiatra cuando le relató las «locuras» de su hija.

Tras concertar una nueva visita médica que no se llegó a producir,
Gabriel le contó que estaban abusando de Amiel en el colegio, algo que provocó un enfrentamiento entre ambos. Para marcar distancia y aconsejada por sus familiares, la abuela anunció a la pareja que se marchaba un mes de vacaciones, aunque no era verdad, y no tuvo contacto con ellos hasta que recibió el escalofriante mensaje.

La abuela paterna, residente en Canadá, ha declarado que se enteró porque se lo contó una amiga española. «Aconsejé a mi nuera que recibiera asistencia médica»

Finalmente, y pese a que estuvo presente durante el interrogatorio de María, la madre de Gabriel también ha comparecido ante el juez. La abuela paterna de los niños asesinados, residente en Canadá en esos momentos, ha explicado que se enteró de lo ocurrido porque una amiga española de su hijo alertó a éste de lo que se estaba contando en televisión. Además, ha destacado que hablaba regularmente con sus nietos por videollamada y que aconsejó a su nuera que recibiera asistencia médica.

Durante sus declaraciones este lunes y martes,
los acusados se incriminaron mutuamente y sus respectivas defensas pidieron la absolución para ambos. Gabriel asegura que tuvo conocimiento de los hechos cuando se levantó a la mañana siguiente, después de estar durmiendo toda la noche. La Fiscalía solicita para él 50 años de cárcel.

Por su parte, María –inimputable al sufrir una esquizofrenia de tipo paranoide y para la que el fiscal pide 25 años de internamiento– alega que se encontró a sus hijos muertos y se limitó a enterrarlos, creyendo que los había matado la secta que pensaban que les perseguía.

Asimismo, el Ministerio Público exige que los procesados indemnicen tanto a los abuelos paternos como los maternos con 300.000 euros, una cantidad que los interesados han aceptado en sede judicial, aunque la madre de María ha puesto el foco en que «eso no soluciona nada».

«La niña lloraba y él decía: que se duerma de hambre»

En la sesión de este miércoles también ha declarado una amiga de la pareja, muy afectada, que días antes del crimen había quedado con María en que la recogería a ella y a los niños para que se marcharan con ella unos días, antes de la escapada que los acusados habían planeado para huir de la secta que creían que los perseguía. «Ella aceptó, pero luego no me cogió el teléfono», ha explicado.

De hecho, intentó que la acusada se separara de Gabriel por las «actitudes agresivas y despectivas» de éste -que tenía «un carácter muy fuerte»- y porque estaba «apartando a todo el mundo de su lado». Precisamente, la testigo aprovechaba el turno de María en las vigilias nocturnas que realizaba la pareja para evitar que los atacara esa supuesta organización, para hablar con la madre de los niños.

Tras el parto, la procesada estaba cansada y necesitaba relajarse, por lo que Gabriel «parecía que culpaba de todo al bebé». «Le gritaba al niño: ¿Ves cómo está tu madre por culpa? Esto se lo has hecho tú», al tiempo que ha comentado que el padre «se ponía muy nervioso cuando lloraba o gritaba». Tanto es así que la testigo ha relatado un episodio en el que «lo cogió de una pierna y lo zarandeó boca abajo».

Eran constantes, según su declaración, las conversaciones sobre la religión maya y ambos escribían cosas en una libreta, pero no ha sabido decir el contenido de ese cuaderno. «Lo llevaban en su día a día. Al principio me parecía como la gente que le gusta el horóscopo. Pero luego con el tiempo fui viendo, sobre todo en Gabriel, que si pasaba algo mal tenía que ver con que tenía un espíritu porque en una vida pasada había pasado algo y con regresiones se solucionaba», ha comentado. Tanto es así que el acusado le dijo que había sido víctima de abusos sexuales por parte de su madre y hacía esas regresiones para superarlo.

Del mismo modo, el jurado popular ha escuchado el testimonio de otras dos amigas que acudieron horas antes del crimen a la casa, alertadas por la abuela materna, porque llevaban semanas sin saber nada de la familia. Estas dos mujeres entraron a los calabozos tras la detención de los acusados para intentar ayudar a la Guardia Civil a encontrar a los niños durante las angustiosas horas en las que se desconocía su paradero.

María no estaba en ese momento en la vivienda, pero Gabriel y sus hijos sí. «Amiel nos señala el pozo y dice: mamá», han contado, motivo por el que sintieron «miedo», aunque al asomarse comprobaron que en el foso no había nada.

El padre,
al que han definido como una persona «controladora» y «manipuladora», a la que «le daban igual sus hijos», se justificó diciendo que a su pareja se le había caído el niño al pozo, pese a que el menor «no tenía ningún rasguño». Según su relato, tuvieron que ir a la farmacia a comprar leche porque «la niña no paraba de llorar». «Él nos decía: que se duerma de hambre», ha afirmado una de ellas. Del mismo modo, «decía que no era necesario que María fuera al psiquiatra porque todo tenía que ver con espíritus y extraterrestres». «María me contó que Gabriel estaba iniciando al niño en la secta ahogándolo en la bañera», ha aseverado.

El crimen de Godella, a juicio


Todas las claves del proceso


Gabriel y María, en el banquillo dos años después


El padre afirma que su pareja le confesó el infanticidio


El acusado mantiene su pulso con el fiscal


La madre se sentía perseguida por una secta


El entorno conocía que se sentían perseguidos por una secta

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