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Tokio 2020: Así son los ‘Increíbles’ de la piragua nacional

Emilio V. EscuderoEnviado especial a Tokio
Actualizado:07/08/2021 06:07h
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Son la élite de la élite. Los cuatro elegidos entre un puñado de magníficos palistas. Equipo gigante que se ha coronado en Tokio, llevando de nuevo a un K4 español al podio 45 años después de la plata de 1976. Un logro que lleva la firma de Saúl Craviotto, Marcus Walz, Carlos Arévalo y Rodrigo Germade. Los ‘Increíbles’ de la piragua nacional.

Craviotto es la cara conocida del barco.
Quíntuple medallista olímpico, policía nacional y estrella de la televisión. Tiene tiempo para todo el catalán, que lo ha pasado mal en este ciclo olímpico y que hoy celebró por todo lo alto una medalla que le iguala con Cal como el español con más alegrías olímpicas. Cuando volvió de Río, aparcó la piragua un tiempo. Necesitaba desconectar. Se dedicó a su familia -fue papá por segunda vez en 2017- y participó en ‘Masterchef Celebrity’, programa de la televisión que ganó. Lógico. No hay nadie tan competitivo como él en una piragua y por eso se empeñó en alargar su carrera cuatro años más. Cinco por culpa de la pandemia, para llegar a estos Juegos de Tokio y volver a brillar.

Por detrás de Craviotto, el marca y el que decide cuándo se aumenta el ritmo, estaba Marcus Walz, campeón olímpico en Río que ya tiene su segunda medalla. Es el benjamín del barco, y también uno de los más tranquilos. Metódico con todo, no se salta un entrenamiento, una comida, un descanso. Le conocen como el ‘Hombre de hielo’ por su tranquilidad en la competición. No se pone nunca nervsioso, ni cuando tenía 21 años y afrontó con éxito su primera final olímpica. Él, colocado en el segundo lugar del kayak, es el encargado de transmitir a los demás las órdenes de Craviotto. Posición clave que intercambió con Arévalo hace semanas y cuyo cambio le dio un impulso mayor al K4.

Es Arévalo, gallego de 27 aos, el que le imprime potencia al barco con esos brazos hercúleos cincelados en el Ejército. Allí se enroló después de quedarse fuera de Río 2016. Un bálsamo que le ayudó a centrar su vida. Tras unos meses apartado del agua, acabada la instrucción, pidió el traslado a Asturias. Al Regimiento de Infantería Príncipe Nº3, del acuartelamiento de Cabo Noval, desde el que participó en la operación ‘Balmis’ y en la operación ‘Baluarte’, desinfectando lugares públicos durante la primera ola de la pandemia. Estar en Asturias le ayudó a volver a los entrenamientos y Miguel García le dio el cariño necesario para volver a su mejor nivel y hacerse con un sitio en el K4.

El último es Rodrigo Germade, el único que repite respecto al barco que participó y quedó quinto en Río. Él es el encargado de que nada se tuerza. De darle estabilidad a la piragua y de hacer que deslice lo mejor posible, sin vaivenes. Fuera del agua, Germade es un chico tímido, sobre todo al primer contacto. Luego cambia y su alegría impregna al equipo. Imprescindible en una convivencia que ha sido decisiva para el éxito.

No se acaba el equipo en la piragua, pues tan importantes son ellos cuatro como Miguel García, el arquitecto del éxito. Siempre a la sombra, es el hombre que ha diseñado los entrenamientos y que supervisa el estado de forma de cada uno. Porque no vale lo mismo para Craviotto que para Arévalo o Walz. Si alquien lo ha pasado mal en este ciclo olímpico es él, que perdió a su padre en la primera ola de la pandemia. Para él ha ido hoy una parte de esta medalla, imposible no emocionarse cuando cruzaron la línea de meta También el ingeniero David Calvente, el único que no ha podido estar en Tokio, forma parte de estos ‘Increibles’ de la piragua. Su determinación e ingenio ha resultado clave en la mejora. Décimas de segundo, como dice él, que marcan la diferencia.

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