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El Villarreal cambia su historia con los penaltis

C. T.
Actualizado:27/05/2021 10:57h
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Ocurre que en ocasiones el fútbol adquiere ciertos tintes más propios del realismo mágico.
Solo así se explica lo que pasó ayer en Gdansk, ciudad polaca que estará ligada para siempre a la localidad castellonense de Villarreal. Fueron los penaltis, los mismos que tantísimo dolor causaron en el pasado al conjunto amarillo, los que le terminaron elevando a los altares. La tanda, agónica en todas y cada una de sus acepciones, puso a prueba la salud cardíaca del aficionado del Villarreal, que tuvo que esperar al vigésimo segundo disparo para explotar de felicidad. Emoción hasta el final con una pizca de sufrimiento; no existe mejor fórmula para estrenar el palmarés de una institución que roza los cien años.

Los fantasmas del pasado hicieron acto de presencia en Gdansk cuando ayer se acabó la prórroga. A buen seguro que a más de un aficionado del Villarreal le costó tragar saliva cuando sonó el pitido final. Los once metros, otra vez. Hay que remontarse a 2006 para ubicar el comienzo de la historia del Villarreal con los penaltis, una aventura que, hasta este miércoles, estaba salpicada de lágrimas de dolor y tristeza. Aquel año, Riquelme erró un disparo ante el Arsenal en la vuelta de las semifinales de la Champions. Se jugaba el añadido y su fallo privó al Villarreal de pelear por estar en la final de la máxima competición continental. Hay episodios que marcan la idiosincrasia de un club, y ese fue, sin duda, uno de esos. Pero el fútbol rara vez no ofrece una oportunidad para resarcirse, y qué mejor momento para ello que una final.

Tras el gol inicial de Gerard Moreno, el empate de después de Cavani y una prórroga con más de un susto en cada área, se llegó a los penaltis. El temor por lo ocurrido en 2006 invadió a la afición amarilla durante una tanda en la que hubo hasta 22 disparos. Nadie fallaba, ni siquiera quienes se refugian en los últimos puestos para evitar enfrentarse a semejante empresa. «Desde infantiles no tiraba un penalti», reconoció luego Albiol. Cualquiera lo diría viendo su disparo. Tampoco perdonaba el United, que fue marcando uno a uno a pesar de que Rulli se quedó cerca de detener varios de ellos. Cuando le tocó disparar a él, el argentino tampoco falló. «Venía enojado porque había tocado dos o tres penaltis y no había parado ninguno», confesó después.

De Gea, la cruz

Para que un equipo gane, tiene que parar y no fallar. Para desgracia de De Gea, fue protagonista por partida doble. El portero español fue incapaz de detener ni uno de los once penaltis que tiró el Villarreal. Y cuando llegó su turno, Rulli paró su disparo. De Gea ha recibido los últimos 40 penaltis a los que se ha enfrentado. El meta es el rostro de la derrota en una temporada nada fácil en la que fue relegado de la titularidad en la Premier y al que solo le quedaba la Europa League.

Al otro lado, un triunfador llamado Unai Emery, que a 2.000 kilómetros de su Fuenterrabía natal lo volvió a hacer. Por cuarta vez en su carrera como entrenador levantó la Europa League, un título que sirve como recompensa al crecimiento que ha experimentado el Villarreal en las últimas décadas. Menos de un año después de su llegada al banquillo, Emery ha logrado transmitir su manera de ver el fútbol a una plantilla que, aunque no va escasa de talento, sí está un peldaño por debajo de la del United. También por eso este título es, si cabe, más especial, porque el rival estaba a la altura de lo que estaba en juego sobre el césped.

La primera Europa League con el Sevilla también la levantó tras una tanda de penaltis. Nadie ha ganado más títulos de este tipo que él y solo el Chelsea, en la final de 2019, fue capaz de arrebatarle la gloria. Tras sumar importantes éxitos con el Sevilla, asumir las riendas del megaproyecto del PSG y coger el relevo de Wenger en el Arsenal, Emery se ha ganado por méritos propios un hueco destacado en el libro de la historia del club amarillo. La gloria estaba a once metros.

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