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La incierta recuperación de la industria acerera amenaza 1.2 millones de empleos

Del ‘corralito’ a la pandemia

El líder de la Alacero vivió de cerca la crisis argentina de 2001-2002, que dejó una abultada deuda nacional, una devaluación mayor al 70% en el tipo de cambio y una tasa de desempleo superior a 22%, y atestiguó el denominado ‘corralito’, la restricción impuesta por el gobierno para que los argentinos pudieran disponer del efectivo depositado en instituciones financieras.

La caída en la demanda fue estrepitosa, según Wagner, quien en ese entonces comercializaba acero a grandes cuentas de Argentina. “Atendía la zona de Cuyo (una de las cinco en que se divide económicamente al país sudamericano) y los clientes prácticamente no querían recibir lo que habían pedido dos meses atrás”.

Ahora como entonces, la crisis ha mermado la producción y el empleo del sector acerero en la región, la cual ha resentido por muchos años la competencia desleal que representan las importaciones por debajo del valor del mercado, especialmente de Asia. Por ello, Wagner insiste en que, hoy más que nunca, se necesita de la coordinación entre los gobiernos y el sector privado.

Se refiere a políticas públicas que eleven la competitividad de la industria a partir de facilitar la inversión privada –nacional o extranjera– para producir más y de forma más sustentable.

Un estudio realizado años atrás por Alacero, reveló que por cada 1,000 millones de dólares de acero importado la región pierde 185 fuentes de empleo. El impacto es tal que se estima que en los últimos años se han perdido unos 50,000 empleos.

Alejandro Wagner, director ejecutivo de Alacer, asegura que la pandemia acentuó la urgencia de generar riqueza y empleo en los países de Latinoamérica.
(Cortesía)

Desde el tercer trimestre del año pasado las importaciones han ganado terreno en el acero consumido por la región. Entre enero y marzo de 2021 la proporción alcanzó 35% mientras que en el segundo trimestre de 2020 casi 4 de cada 10 toneladas requeridas, fueron importadas.

Según Wagner por cada tonelada de acero fabricado en Latinoamérica se genera alrededor de 1.6 toneladas de CO2, cuando el promedio global es de 1.8 y en China –de donde viene la mayor cantidad de acero– es de 2.3 toneladas, por lo que al producir el acero en la región se obtiene un beneficio que rebasa lo cuantitativo.

“Reemplazamos el acero que en Latinoamérica se puede producir más sustentable y por ende, impactamos a miles de empleos. Ese es el otro desafío que tenemos como sector privado y público para los próximos años”.

Pero de momento, elaborar acero sustentable en la región es más costoso por las altas cargas impositivas y sobreprecio que representa las condiciones de operación. La falta de inversión en infraestructura, por ejemplo, hace que mover un camión cargado de acero en la región o al interior de los países, sea más caro que importar una tonelada china: “Eso no puede pasar… Pasa por falta de rutas, puertos y de medios de transporte más efectivos como el tren. De esa forma también se baja el costo”.

El dirigente de la Alacero es consciente de que la industria también tiene que hacer su parte e invertir en nuevas tecnologías y procesos para emitir menos CO2; pero sin lugar a dudas, se requiere de políticas públicas. Es por ello que los procesos electorales que se avecinan en la región, particularmente en Brasil, y el que se vivió en México a inicios de junio, serán determinantes para la recuperación de la industria del acero en Latinoamérica.

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