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todo comenzó con unos catálogos, una lona y un auto robado

Una noche fría de diciembre

Las subastas de arte y antigüedades son un negocio global que recauda cerca de 50,100 millones de dólares al año, según el informe de 2020 de Art Basel & UBS, pero a finales de los 80 no había empresas dedicadas a ello en México. Algunos objetos se vendían con anticuarios o en galerías de arte. Ante la oportunidad, López Morton fundó en 1987 la casa de subastas que ahora lleva el apellido de su familia. Empezó como una casa de antigüedades llamada Galerías Louis Morton y el 6 de diciembre de 1988 hizo su primera subasta.

“Fue un desastre”, recuerda. “Hicimos un catálogo pequeño con algunas fotos de los 100 lotes que íbamos a subastar. Imprimimos 1,000 catálogos en blanco y negro. Metimos la mitad en uno de los coches de los socios, pero cuando salimos ya se habían robado el auto con los catálogos dentro”.

A ese primer ejercicio asistieron muy pocas personas, la mayoría, familiares y amigos. “No había un salón de subastas ni un subastador profesional. Hacía mucho frío y solo teníamos una lona. Vendimos el 35% de las piezas. Terminamos regalando muchas de las cosas”.

Al siguiente año hizo dos subastas más y en 1990 realizó la primera de arte moderno. Aprendió sobre la marcha y entendió las tres claves detrás de una puja exitosa: el objeto, el precio de salida y el subastador.

“No cualquiera puede subirse al estrado, tiene que ser alguien carismático, que sepa encender los ánimos y tener el pulso de la sala para saber hasta dónde elevar la puja y cuándo hay que detenerla”, dice López Morton. “Todas las subastas son diferentes. Nuestro trabajo es convertir en dinero lo que la gente nos trae”.

Eduardo López Morton, gerente de Administración y Finanzas de la compañía.
(Ivet Rodríguez )

La empresa también tiene valuadores especializados en arte moderno, contemporáneo, antigüedades, joyería y vinos. Además de hacer búsquedas de obras y negociar con los clientes, realizan análisis de mercado para poder establecer un precio adecuado. “Somos referencia en valor de mercado. Casi siempre las obras y objetos se quedan dentro del rango que nosotros establecemos”, dice Sofía Duarte, gerente del departamento de Arte Moderno.

El evento más importante de la compañía es el de arte latinoamericano. El último se celebró el 18 de noviembre, cuando se pusieron a la venta 187 piezas, entre ellas, El duelo, de Rodolfo Morales, La muchacha del diablito 3, de Jorge González Camarena, y Antes de la tormenta, de Tomás Sánchez, un paisajista cubano del que no se subastaba nada desde hacía seis años. También se ofertaron, con un precio de salida de medio millón de pesos, dos bocetos de David Alfaro Siqueiros, en donde plasma la distribución de los murales del Poliforum.

Aunque Morton se ha vuelto un referente en las subastas de obras de arte, la esencia del negocio son las antigüedades. Cada sábado oferta alrededor de 300 lotes de objetos de segunda mano, desde primeras ediciones de libros y cuadros hasta muebles, vajillas o artículos de decoración. La mayoría de los objetos son propiedad de personas que desean venderlos. “Los divorcios y las herencias son nuestra principal fuente de objetos. Nosotros en realidad no escogemos lo que vendemos, sino que nos llega”, cuenta el empresario.

Además, empresas como Bimbo o FEMSA contratan sus servicios para subastar flotillas de vehículos de reparto. Otras, como Grupo Volkswagen, han realizado la puja de ediciones especiales de algunos autos, como el Porsche 911 ‘One of a Kind’, un modelo único hecho en homenaje al piloto mexicano Pedro Rodríguez, o el último Golf GTI producido en México.

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