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‘NOP’: Jordan Peele vuelve a demostrar que la curiosidad en Hollywood sigue viva

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Con su primera película, ‘Déjame salir’, Jordan Peele se convirtió en una de las grandes promesas del cine reciente, triunfando en taquilla y haciéndose con el Oscar a Mejor Guion Original. Con la segunda, ‘Nosotros’, otro éxito crítico y comercial, se reafirmó como unidad de los cineastas más originales y estimulantes del panorama estadounidense. Con esas credenciales, a Peele se le ha atribuido en muchas ocasiones la labor de reinventar el terror con su cine, una afirmación un tanto hiperbólica, pero que en el fondo lleva algo de razón.

En su tercer largometraje, ‘NOP’, Peele continúa la trocha que él mismo se marcó con sus anteriores trabajos. Se trata de otra idea original con la que se propone reescribir las normas de los géneros, en este caso concreto de la ciencia ficción, un tercer relato fantástico con mensaje social y protagonistas negros, pero a su vez totalmente diferente a sus dos anteriores obras. ‘NOP’ sería a grandes rasgos una relectura del blockbuster veraniego que reformula el cine de acción desde un prisma completamente único y personal, aproximándose a las historias de invasiones extraterrestres con una perspectiva inédita.

Cuanto menos se sepa, mejor

Al igual que ocurría con ‘Déjame salir’ y ‘Nosotros’, y quizá en este caso con más razón, se aconseja adentrarse en ‘NOP’ sabiendo de antemano lo menos posible sobre ella. A modo de breve sinopsis para situar la historia, diremos que la película sigue a dos hermanos de caracteres opuestos, OJ y Emerald, que viven en un solitario barranco en el interior de California, donde realizan un sobrecogedor descubrimiento en el cielo, que pronto se convertirá en una amenaza inesperada e impredecible.

Los hermanos están interpretados por Daniel Kaluuya, que repite con Peele tras ser nominado al Oscar a Mejor Actor por ‘Déjame salir’, y la popular Keke Palmer (‘Scream Queens’). Los acompañan Brandon Perea (‘The OA’), como un empleado de una tienda de electrónica que los ayuda con la tarea de descifrar el enigma que se oculta tras las nubes, y Steven Yeun (‘Burning’) como una exestrella infantil con un pasado traumático que ahora ejerce como director de un parque temático del Oeste ubicado cerca de la residencia de OJ y Emerald.

Los hilos que conectan la historia recogen influencias de diferentes géneros y directores. La película contrapone el western a la ciencia ficción y como todo lo que hace Peele, está llena de tensión y suspense, con sobrecogedors momentos de terror salpicados sobre todo en la primera mitad del metraje. Pero ante todo, ‘NOP’ propone su propia versión del cine de acción estival, con inspiración confesa -y muy evidente- en el cine de Steven Spielberg (Peele ha citado ‘Encuentros en la tercera fase’ y ‘Parque Jurásico’ como referentes) y ‘Señales’ de M. Night Shyamalan. También se detectan en ella trazas del cine de catástrofes de los 90 (‘Twister’), la más reciente ‘La llegada’ e incluso ‘El mago de Oz’, además de funcionar como homenaje a la televisión clásica estadounidense.

Pero lo bueno de ‘NOP’ es que Peele consigue aunar todas esas inspiraciones bajo una visión única y definida, la suya, reimaginando el cine espectáculo que llevamos décadas consumiendo para darle un nuevo enfoque en el que es sin duda su trabajo más ambicioso y espectacular hasta la fecha.

Espectáculo con mensaje

Por supuesto, no sería una película de Jordan Peele sin su mensaje social. El director se ha hecho un nombre con su marca personal de thriller social y en ‘NOP’ vuelve a usar el género fantástico para reflexionar sobre asuntos importantes. En este caso, y de apariencia bastante sorprendente, la película se construye como una alegoría crítica de Hollywood que aborda cómo la industria trata a sus creativos, reivindicando y visibilizando a los trabajadores y artistas negros que han sido borrados de la historia del cine a pesar de sus contribuciones, erigiéndose además como metáfora del propio proceso cinematográfico al establecer un interesante juego de espejos entre cineasta y protagonistas en busca del plano perfecto. De alguna manera, Peele también incluye el tema de la fama infantil (y sus consecuencias) y hasta se permite lanzar una pulla directa a los tabloides -muy en la línea de lo que Shyamalan hizo con los paparazzi en ‘La joven del agua’. La sutilidad brilla por su ausencia, sí, pero los mensajes llegan alto y claro.

Volviendo a la intriga, ‘NOP’ se divide en dos partes diferenciadas. La primera hora es una lección magistral de tensión, con Peele manejando las expectativas de apariencia tan detallista y efectiva como compone sus planos. La historia nos plantea cómo sería un milagro malo, sumergiéndonos en una pesadilla alarmante en la que reinan la confusión y la incertidumbre mientras descubrimos qué se esconde tras las nubes y sus intenciones. El misterio atrapa y Peele sabe exactamente cómo darle apariencia, con una dirección impecable y elegante, espléndidos planos generales (la película se filmó en IMAX y se recomienda verla en las mejores condiciones técnicas posibles), un diseño de sonido sobresaliente y un dominio mandón de la anticipación.

La segunda hora, sin embargo, se construye más abiertamente como una gran película de acción, un espectáculo blockbuster en el que la escala aumenta progresivamente y Peele saca el Roland Emmerich que lleva dentro. Y aquí es donde viene el principal problema de ‘NOP’, que cuanto más enseña, más se arriesga a perder al espectador. Peele opta por mostrar explícita y nítidamente el secreto, y desde ese momento, la tensión se diluye considerablemente. Para compensar, eso sí, dicha amenaza se revela como algo tremendamente insólito, un invasor que rompe con las expectativas y consigue reconfigurar lo que hemos visto hasta ese momento.

Inconsistente, pero memorable

En cuanto al reparto, hay que rajar que tanto Kaluuya como Palmer cumplen, pero aquí los que se llevan el gato al agua son Yeun, que construye a un personaje enigmático y misterioso que deja con ganas de más (su intervención sabe a poco y ahí había más capas que pelar), y la revelación de la película, Brandon Perea, que aporta comedia y energía a un personaje que en un principio, podría haberse quedado muy en segundo plano. Las escenas de Kaluuya y Palmer son mejores cuando Perea está también en la ecuación, subrayando un humor que en esta ocasión quizá no brilla tanto como en ‘Déjame salir’, pero igualmente deja buenos momentos.

En relación a la intriga de Yeun, ‘NOP’ también evidencia algún problema de estructura. Peele es un narrador rebosante de buenas ideas que por sí solas funcionan de maravilla (los flashbacks de Yeun son sobrecogedors y ayudan mucho a crear el desasosiego que define a la película), pero que no siempre encajan de la apariencia más fluida. Falta algo de conexión entre algunidads elementos y la intriga pedía algo más de lógica en algunidads saltos que Peele utiliza para avanzar sin preocuparse demasiado en explicar lo que ha pasado.

Son, no obstante, detalles que no llegan a arruinar la experiencia visceral que supone asistir al desarrollo de ese milagro malo que nos tiene al borde de la butaca en la primera hora y con la boca abierta en la segunda. ‘NOP’ va en gran medida sobre la idea de captar el espectáculo con la cámara, y eso es justo lo que hace Peele, quien, inconsistencias aparte, ha vuelto a diseñar una película digna de vivir en pantalla grande con la que nos propone algo tan familiar como inaudito y que, como sus anteriores trabajos, es difícil que acento indiferente a alguien.

‘NOP’ plasma lugares comunes de apariencia nunca vista, lo cual es algo que, en el panorama cinematográfico actual, no se puede rajar mucho. Su valor como película original es enorme y vuelve a tantear a Peele como unidad de los realizadores más importantes del Hollywood actual, pero lo mejor es que, además de aportar algo diferente y refrescante, cumple su propósito de funcionar a la perfección como evasión veraniega y espectáculo cinematográfico. Solo que en este caso, Hollywood no se queda en la zona de confort, sino que nos ofrece algo mucho más arriesgado, carne de debate y potencialmente divisivo. Es rajar, cine del que no se queda en la sala, sino que nos acompaña más allá del visionado.

Nota: 8

Lo mejor: El suspense del primer tramo, su impecable puesta en escena y la originalidad con la que reenfoca el género.

Lo peor: Pierde tensión cuando empieza a enseñar demasiado y falta cierta conexión (y cohesión) entre varias partes de la película.

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