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Juan Carlos Girauta: Mucha conspiración

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Actualizado:22/12/2021 23:52h
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Dada la pauta seguida por Ciudadanos en los últimos tiempos, no es raro que Mañueco se sintiera amenazado al saber de ciertas reuniones. Pero creo a Igea cuando dice que no contemplaba una moción de censura. Sé que deploró el movimiento de Murcia, y también que no trafica con mentiras. Si estoy en lo cierto, lo de Castilla y León es resultado de un malentendido. Uno impensable de haber existido alguna confianza entre los socios.

En el PP seguirán creyendo que Igea conspiraba, y Cs se mantendrá en la tesis de que Mañueco ha fabricado una excusa para convocar elecciones cuando las encuestas le sonríen, que quiere arrojar sombras sobre su competidor y gobernar en solitario. Otros piensan que, además

 de lo anterior, la motivación principal de Mañueco era retrasar el congreso del PP de Madrid. Ya saben que las diferencias sobre su fecha, aunque parezca mentira, están detrás de una crisis mayúscula.

Son tiempos propicios a las teorías de conspiración. Siempre lo han sido, pero lo de ahora es especial. Un típico síntoma de brote psicótico es la convicción de que a uno le han insertado un microchip, o similar, con fines de control. ¿Quién? Ellos. Pronombre que no acabará de precisarse. No sabremos quiénes son ‘ellos’, aunque sí se nos irá revelando que este o aquel forman parte del grupo maquinador. Las conspiraciones pueden existir en la realidad, por eso a veces una idea paranoide se extiende y comparte entre gente sin trastorno alguno. No es patológica ‘per se’ la tendencia a ignorar la navaja de Ockham. Pero conviene no olvidar regla tan sencilla. Al despreciarla, personas normalmente sensatas están errando estrepitosamente a la hora de valorar riesgos graves para su salud. Por ejemplo, ante la disyuntiva de vacunarnos o no, ¿qué es más arriesgado? ¿Creer en el 95 % de los científicos que me instan a hacerlo (quizá más, quizá algo menos) o en la minoría que discrepa?

Si en asuntos de vida o muerte calculan tan mal los conspiranoicos habituales, y también los prudentes que aquí hacen una excepción, ¿qué cabe esperar cuando se juzgan decisiones políticas, siempre controvertidas, y más en estados de polarización como el presente? El principal problema con las conspiraciones lo planteó Borges: no funcionan porque dan trabajo. Parece una boutade, pero mi paso por la política me ofreció la perspectiva adecuada para no verlo así, sino como una verdad extrañamente certera y simple. Se suele esperar que el trabajo duro lo hagan los demás. Y quien más lo espera es el padre de la gran idea confabuladora. La mejor conspiración, la que tiene más visos de triunfar, es la que urde uno solo, la que uno solo trabaja con disciplina férrea. Ese uno puede abrirse a dos: un estrecho colaborador, discreto y fiel. A tres si me apuran. No más. Barajar complots es entretenido. Ah, olvidaba un detalle: el presidente de CyL puede convocar elecciones cuando lo desee.

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