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Para una transformación de impacto

Giuseppe TringaliSEGUIRVicepresidente Global de Advisory Board IE
Actualizado:01/07/2021 10:47h
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El mundo en los últimos 14 años ha vivido una crisis financiera global, múltiples catástrofes naturales y una pandemia. Son testimonios y un claro resultado de nuestros errores y negligencias que debemos y podemos corregir.

La tierra tiene síntomas evidentes de deterioro. Las emisiones masivas de gases de efecto invernadero y la deforestación generan un calentamiento del planeta cuyos efectos son, entre otros, el envenenamiento del aire, desertización, derretimiento de los glaciares, aumento del nivel del mar, reducción de las costas, fenómenos naturales extremos, extinción de especies animales, enfermedades, escasez de alimentos, hambre y pobreza.

El mismo mar sufre un aumento de temperatura al que se suma una grave contaminación de plásticos con consecuencias sobre la flora y la fauna marina.

Poner en el centro del desarrollo al ser humano y cuidar el planeta es más que urgente que nunca y absolutamente necesario. Pero, como se dice en Italia, entre lo dicho y lo hecho en medio está el mar. Aunque es una buena señal que la política haya establecido cronogramas y que últimamente se hable, aunque difusamente, de sostenibilidad, de cuidado del planeta, de ética y de un capitalismo más responsable, los avances siguen siendo demasiado lentos.

De media, los seres humanos sufren cuando están llamados a una transformación o a evolucionar porque esto significa salir de la zona de confort. Difícilmente se adelantan a actuar espontáneamente; casi siempre reaccionan o necesitan leyes que les imponen nuevas actuaciones y modifican sus comportamientos. Los intereses económicos a corto plazo influyen en sus decisiones y se adaptan a las leyes por obligación y no por convicción. Afortunadamente, están también los que crean las tendencias, las lideran, hacen de referentes y suponen un ejemplo para los demás, inspirándoles y motivándoles.

En este sentido, urge una clara aceleración para obtener una ‘transformación de impacto’. No sirven los parches, sirve intervenir de manera total repensando procesos económicos y comportamientos: se trata de preocuparse del cómo y no solo del qué.

Recuerdo que ya en septiembre de 2015, las Naciones Unidas reemplazaron los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM) por 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) que representan un cambio de paradigma en el desarrollo global, frente a las amenazas del cambio climático para la sociedad.

El gran desafío de la actual generación de líderes empresariales es, por lo tanto, aprovechar las nuevas tecnologías para que las empresas adopten con la innovación sistemas empresariales sostenibles. El desafío conlleva un profundo rediseño de los procesos empresariales y una transición de la cadena de valor a un modelo de ‘Economía circular’ que reconsidere las materias primas y modifique las formas actuales de producción, de ‘packaging’, de distribución y de consumo. Conseguir que los productos de consumo se deshagan o se reciclen, extendiendo potencialmente al infinito la vida de las materias primas, es una revolución necesaria para la mejora del planeta y de su sostenibilidad.

Las grandes empresas que han empezado esta necesaria transformación deben llevarla a cabo de manera más orgánica y de forma más generalizada. La sostenibilidad no debe ser un apéndice del negocio ni suponer solo el cumplimiento de las leyes o de las recomendaciones, debe ser parte integral del propio negocio en todos sus aspectos. La empresa tiene que ser sostenible 360 grados para que todos se beneficien. Es muy importante que las nuevas entidades empiecen a ser sostenibles ya desde su creación, y este debe ser el esfuerzo de los emprendedores para marcar una nueva era.

Los nuevos criterios de Inversión de Impacto ESG, el ambiental, el social y de gobernanza, hoy en día son para las empresas la clave de actuación para lograr más valor, más financiación, mayor rentabilidad y compromiso con la sociedad. El camino es largo y complejo, necesita de liderazgo, esfuerzo e inversión, pero merece l a pena recorrerlo cumpliendo el propósito de dejar en herencia un futuro con mejores perspectivas de vida.

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