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cuando sensibilizar a las empresas no es suficiente

Uno de los enfoques de la estrategia del gobierno ha sido capacitar y concienciar a los prestadores de servicios turísticos. Para ello, se alió con la consultora Queer Destinations, que en cada destino trabaja con un rango de 80 a 150 empresarios de todos los eslabones de la actividad turística, desde aerolíneas a restaurantes y hoteles,

La firma trabaja actualmente con empresas de la Ciudad de México, Oaxaca, Los Cabos, Chihuahua, San Miguel de Allende, Vallarta, Guadalajara, Querétaro y la zona de Cancún y Playa del Carmen. Sin embargo, al no ser un requerimiento, cada destino se apega a la capacitación voluntariamente, explica Oriol Pamies, CEO de Queer Destinations.

“Nosotros impulsamos la idea de que no se entiende un plan de recuperación posCOVID-19 sin tener en cuenta al segmento LGBT+. Pero es una sugerencia que nosotros damos, apoyados en los datos duros y las encuestas, y cada estado tiene sus particularidades. Están en momentos diferentes, y cada uno se irá sumando a medida que lo vea conveniente”, considera.

Una de estas empresas ha sido el hotel W México City, de la cadena estadounidense Marriott, donde la capacitación contempla cómo atender a una persona cuya identidad no corresponda con su documento de identidad –como puede ocurrir con personas de la comunidad transgénero o transexual–, el uso de lenguaje inclusivo para dirigirse a los huéspedes en los señalamientos y en el trato personal, e incluso otros escenarios como la realización de bodas en entidades donde el matrimonio igualitario aún no es la norma.

“En W tenemos una boda que hace un chamán, con un ritual que tiene la intencion de celebrar el amor en pareja”, explica Carlos Fájer, director de marketing y comunicación de W México City. “Las bodas no tienen aval [legal], pero es un nicho donde se quiere esa rebeldía, y te nace hacerlo porque lo sientes”, dice.

Aunque a nivel nacional no se tiene un número definido de establecimientos certificados, en la Ciudad de México, por ejemplo, se cuentan al menos 30 puntos con el sello de amigables con la comunidad LGBTI+, de acuerdo con la Guía de la Diversidad en la Ciudad de México 2019.

El problema de fondo

La Asociación Internacional de Lesbianas, Gays, Bisexuales, Trans e Intersex (ILGA, por su sigla en inglés) identifica a México como uno de los países con mayor apertura en cuanto a leyes de orientación sexual en el mundo, al permitir el matrimonio igualitario –aunque dependiendo de la legislación estatal– y por disponer de protección legal en ámbito laboral a nivel Constitucional, además de otras formas de protección como la tipificación de delitos de odio.

Sin embargo, en la práctica estas normas no se aplican como deberían. Tras el ataque en Playa del Carmen, Jonathan relata que en la fiscalía se tomó la denuncia por la agresión física de los policías municipales, pero en cuanto a la violación de derechos humanos, “ni siquiera lo quisieron considerar”.

“Sobe el tema de homofobia, me dijeron: ‘Eso no lo vamos a ver aquí, sólo lo del robo’ Nos pedían ir a otro lugar para denunciar la violación de derechos humanos”, recuerda.

Un reporte de la Organización Mundial de Turismo (OMT) señala que, en mercados emergentes en crecimiento –como el caso de México, según el informe–, la discriminación puede frenar el potencial económico en general del segmento LGBTI+, pues al limitar su acceso al empleo y crecer profesionalmente, se generan factores que limitan su potencial de gasto turístico.

Y, de acuerdo al Consejo Mundial de Viajes y Turismo (WTTC, por sus siglas en inglés), este segmento supone 10% del total de turistas a nivel mundial, lo que se traduce en un valor de mercado de 185,000 millones de dólares al año, que crecía a un ritmo estimado, antes de la llegada del Covid-19, de 10% anual.

“Hay mucho que las empresas y el Gobierno deben hacer todavía para asegurar los derechos de la comunidad LGBT, para que puedan prosperar como parte de la sociedad y darse cuenta de su potencial”, refiere la OMT. “Aquellos países que han avanzado más en términos de garantizar los derechos de sus ciudadanos LGBT presentan un lugar más atractivo para comercializar bienes y servicios relevantes para el segmento LGBT, ya que la discusión pública y la promoción se vuelven más fáciles”.

Daniel considera que falta capacitación no sólo en los establecimientos de entretenimiento, sino en el trato desde las autoridades. “Me atrevo a decir que a la policía le hace más falta todavía que a los lugares de diversión, aunque van de la mano uno del otro”, señala.

“Falta mucha información y capacitación, principalmente. Nosotros, que somos empresarios, lo vemos”, agrega Jonathan. “En las grandes empresas sí tienen definida esa cultura, pero donde hace falta también es en las pymes, que haya una mayor equidad y respeto”.

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