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‘La belleza del silencio’, la película con la que un grupo de bailarinas homenajea a las víctimas por covid

Manuel MorenoSEGUIRToledo
Actualizado:25/06/2021 21:37h
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«La danza, que es la primera expresión artística del ser humano por encima de la música, sale a la calle para rendir ese tributo y poner belleza en sitios tristes y desangelados». El polifacético Bene Tapetado explica con esta pincelada el motivo por el que cinceló ‘La belleza del silencio’, que será estrenada el 3 de julio en la ciudad donde se grabó, Talavera de la Reina.

«Es una película de ‘cine realidad’. Es un homenaje, a nivel mundial, a todas las personas que se han sentido afectadas por la covid de una forma o de otra», asegura su director y cámara, que también es el autor de esta reflexión sobre la pandemia.

Para este largometraje, grabado con un teléfono móvil durante mayo y junio de 2020, una treintena de bailarinas memorizó los movimientos y las canciones para ejecutarlas en silencio en 17 localizaciones de la Ciudad de la Cerámica para filmar otras tantas escenas.

Es el caso del desvencijado edificio Tresku -«el ejemplo claro de la inmovilidad talaverana para poder resolver un conflicto inmobiliario y estético», lamenta Tapetado-. Allí Paula Torres «pone vida a un edificio que está muerto». También delante del Hospital Nuestra Señora del Prado, donde Miriam Jiménez baila en el puente que hay enfrente para homenajear a la gente fallecida en el sanatorio. O en la emblemática calle de San Francisco, donde las bailarinas expresan el dolor y la tristeza del momento, en plena pandemia. Lo sufrió en primera persona Inés Élez, de la Escuela de Danza de Rosa María Loaísa y que interviene en la película. Inés fue alumna de una profesora, Cecilia Barra, que murió por covid.

«Dan vida a la muerte»

Grabaron sin música para que primara el gesto y el movimiento, subraya Tapetado, un enamorado de la danza. «Algunas localizaciones son lugares muy bonitos; otros, decrépitos, tristes. La gente pasea y no sabe muy bien por qué están esas bailarinas, que realizan todo tipo de bailes: moderno, clásico, flamenco y, al final, hay ballet. Dan vida a la muerte, regalando esperanza y belleza», desgrana.

«Es un fresco histórico, un homenaje de la danza en silencio», recalca el director de la cinta, en la que el travelling (el desplazamiento de la cámara horizontal o verticalmente respecto al eje) es protagonista: «Las filmaciones van sin ningún tipo de corte, es plano secuencia. Con la sencilla y austera grabación de un teléfono móvil y pocos medios técnicos, sin posibilidad de ensayos, con una sola toma y sin repeticiones», explica Tapetado. «Ni el cámara sabía su ubicación exacta ni la bailarina por donde debería girar o moverse; todo esto con la complicación de la gente que pasaba muy cerca en algunos casos. Esa frescura y espontaneidad querían reflejar también el día a día del mundo real», agrega el cineasta, para quien «la verdad está llena de imperfecciones».

«Mostramos a las personas sin una máscara, sin maquillaje, para filmarlas sin posibilidad de fingir. No hay actores ni un guion preestablecido, con lo cual es la cámara- que imaginamos nuestros ojos- la que nos transporta a las bailarinas viviendo con la gente escenas del mundo cotidiano en las calles. Se oyen los pasos, el murmullo de la gente, los gorriones, el viento cuando sopla…», expresa el director del largometraje, una producción de la Asociación Músico Cultural Always Elvis y del Círculo de las Artes de Talavera.

Esperanza

Pero el filme, de 55 minutos, quiere lanzar un mensaje de ilusión con un cierre vitalista: el vals de las Flores, de El Cascanueces (Tchaikovsky), que se representa junto a las murallas de la ciudad. «Aunque es melancólico, transmite esperanza con el ballet en la calle», apostilla Tapetado.

Dice el director que la película podría haberse grabado en cualquier ciudad de cualquier parte del mundo, pero en este caso son lugares escogidos de Talavera de la Reina. «Esas esquinas y rincones recogen parte de la historia de las miles de personas que pasean a diario por ellas. En algunos casos vemos barrios tristes, edificios vacíos, personas que transitan con los ojos perdidos y muchos corazones partidos y rotos. La gente estaba muy asustada porque no se sabía ni siquiera que iba a haber vacunas», recuerda el cineasta.

La película se proyectará el próximo sábado (22:00 horas) en la plaza del Pan. El motivo no es baladí, según su director: «Todo el filme se grabó en exteriores y de cara al público, provocando esas sinergias con él. Por eso queremos hacerlo en un lugar para que el público esté cerca de nosotros».

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