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La espada prehistórica balear que no fue un arma

Mónica ArrizabalagaSEGUIR
Actualizado:21/10/2021 04:36h
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Su hallazgo fue un hito en septiembre de 2019. Por primera vez se desenterraba en una excavación en Mallorca una espada balear prehistórica en notable estado de conservación. Solo se conocen 18 espadas como ésta, pero la mayoría de ellas están fragmentadas o aparecieron sin un contexto arqueológico asociado. La hallada en 2019, sin embargo, fue recuperada por un equipo de arqueólogos en el talayot del Serral de ses Abelles, en Puigpunyent. Es la única pieza de su tipo documentada en el siglo XXI en una excavación arqueológica.

El equipo científico liderado por Pau Sureda, del Incipit-CSIC, con participación de la Universidad de las Islas Baleares, la Universidad de Granada y el Museo Arqueológico de Deia, ha estudiado la pieza con Carbono 14, fluorescencia de rayos X, radiografía y test de metalografía y microdureza y ha podido datarla y aportar información importante para entender cómo fue fabricada y cuál fue su funcionalidad y su trascendencia social. Creen que esta espada del siglo VIII a.C. no participó en ninguna lucha. De hecho, no fue forjada con tal fin, según se desprende de las conclusiones que acaban de publicar en la revista científica
‘Journal of Archaeological Science-Reports’.

«Lógicamente, la espada pinchaba, pero a través de su estudio sabemos que no fue endurecida y sus filos no fueron especialmente trabajados. Por ese motivo, creemos que no era muy funcional como arma», subraya Pau Sureda. Los investigadores piensan que era «un objeto que jugó un papel emblemático en las sociedades de la Edad del Hierro de Mallorca», también conocidas como talayóticas.

Los análisis de su composición química e isotópica revelan que fue hecha en bronce, posiblemente en Mallorca, siguiendo los modelos locales y utilizando para ello dos coladas metálicas con cobre procedente de Linares (Jaén), aleadas con distintas cantidades de estaño. Las radiografías realizadas, muchas en el Hospital Son Llatzer de Palma, muestran que está compuesta a partir de dos piezas posteriormente ensambladas con tres remaches.

La espada fue hallada en el talayot del Serral de ses Abelles, una estructura monumental con forma de torre construida utilizada durante la Edad de Hierro, en un promontorio que domina todo el entorno del valle mallorquín de Puigpuntyent. Actualmente este monumento turriforme es la principal estructura visible, aunque
el Incipit-CSIC señala en una nota que alguna vez estuvo vinculado a un poblado mayor, ya desaparecido por construcciones posteriores. La espada, concretamente, fue descubierta en un lugar elevado de un edificio, entre los derrumbes de una cubierta que se vino abajo por un incendio. Las pruebas de Carbono 14 han datado el fuego con posterioridad al año 793 a.C.

«Su posición en el momento del hallazgo sugiere que ocupaba un lugar elevado en el edificio donde apareció, posiblemente para ser vista o tal vez expuesta», explica Sureda, por lo que creen que «jugaría también un papel como objeto emblemático para su comunidad».

Aunque existían varios ejemplares de este tipo de espada que se conocían, el investigador del Incipit-CSIC afirma que «ninguno había sido estudiado nunca con este nivel de detalle». Algunos arqueólogos habían sugerido que podían ser emblemáticos, «pero ha sido mediante los estudios llevados a cabo en este trabajo (metalografía, radiografía, isótopos de plomo, etc) que se ha podido poner de manifiesto la escasa funcionalidad como arma de estos objetos», añade Sureda. Por eso piensan que el componente emblemático de estas espadas era también importante para las sociedades talayóticas.

La aparición de las espadas baleáricas «se circunscribe a un momento muy concreto de la prehistoria balear», a finales de la Edad de Bronce, un periodo asociado a importantes transformaciones sociales en el archipiélago, y «aparentemente concentrado en la isla de Mallorca», indica el Incipit-CSIC.

El talayot del Serral de ses Abelles fue excavado parcialmente en 1959 por el arqueólogo Guillermo Rosselló-Bordoy, que estudió más del 75% de la cámara y sugirió que el monumento fue vaciado y destruido por el fuego. Más de medio siglo después, en 2019, el sitio se volvió a excavar en un área preservada en el lado norte de la cámara. Los trabajos, en los que se documentó la secuencia estratigráfica observada en 1959, confirmaron las capas asociadas al fuego en varias unidades, así como el colapso de la cubierta y llevaron a reconsiderar la interpretación inicial.

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