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Historias de la Eurocopa

1. Fortuna Azzurra
Giancinto Facchetti levantando la única Eurocopa de Italia

En 1968 se celebraba la tercera edición de la Eurocopa. Aún como un torneo en pañales y en estado de experimentación, la fase final solo la disputaban cuatro selecciones. La anfitriona, Italia, disputaba las semifinales en un San Paolo repleto ante Yugoslavia. La azzurra, por aquel entonces descubriendo el catenaccio, propuso un fútbol rácano y defensivo, seña de identidad que posteriormente construiría su futuro. Ni los 90 minutos ni la prórroga contemplaron un gol. En esta época todavía no existían las tandas de penaltis; en caso de empate, replay. Pero la final era solo dos días después; la solución fue sencilla, incluso salomónica: una moneda al aire decidiría el finalista. Los capitanes y el árbitro se encerraron en un vestuario del estadio napolitano y el azar decidió el pase de Italia a la final. Quizá, decidir tu futuro mediante un juego de azar en la ciudad de la camorra no sea la mejor idea. Nunca sabremos lo que realmente sucedió en aquel cuarto.

El capitán transalpino, la leyenda interista Giancinto Facchetti, salió corriendo al césped de San Paolo para transmitir la noticia a una afición que no sabía muy bien qué pasaba. Obviamente, la Azzurra acabó ganando la Eurocopa, la única que desde entonces habita en sus vitrinas. Aquella Italia estaba comandada por Gigi Riva, leyenda del Cagliari, el único hombre que ha hecho campeón de Serie A al club sardo. El delantero marcó en la final del Olímpico de Roma ante Yugoslavia, un partido que acabó 2-0. La otra pieza angular de aquel equipo era Giani Rivera, balón de oro e hito milanista que no jugó la final debido a una lesión.

2.
Penalti de Panenka a Sepp Maier en la final de 1976

El lector bien sabe lo que es un penalti lanzado a lo Panenka. Quizá no sepa que el primer penalti rozado con sutileza al centro del arco sucedió en una final de Eurocopa. Checoslovaquia y Alemania Federal (dos naciones que ya no existen como tal) se disputaba el título en la también extinta Yugoslavia. El partido acabó 2-2; iba a ser la primera final que se decidiera por penaltis. El último lanzamiento desde los 11 metros de la tanda podía decidir el título de 1976 para los checoslovacos. El 7 checo disparó flojo, picadito y al medio; gol y campeonato. Sepp Maier (uno de los mejores porteros de la historia), incrédulo, yacía desvanecido en un lateral del marco. Antonin Panenka, un jugador decente pero no extraordinario, había pasado a la historia por un toque tan inteligente como infantil en aquella noche de Belgrado. Alemania Federal, como siempre, regresó pronto al éxito. En la próxima edición (Italia 80) levantaría su segunda copa continental.

24 años después, en el Ámsterdam Arena, Francesco Totti rememoró al mediocentro checo. Semifinales, 0-0 entre Países Bajos e Italia. Penaltis, Van der Saar bajo palos. Roberto Baggio le dijo al capitán de la Roma que tenía miedo en los momentos previos al inicio de la tanda. «Nun te preoccupá, mo je faccio er cucchiaio», le respondió Totti. Pese a los intentos de Maldini para que no hiciera el bobo que se estaban jugando el pase a la final, Francesco, como siempre, hizo lo que quiso. El 10 se encaminó cabizbajo hacia el punto de penalti, colocó el balón con calma, levantó la cabeza, le hizo una burlesca cuchara al guardameta del Fulham y envió a su equipo a la final. El talento y la ingenuidad de Totti jamás conocieron límites algunos.

3. Marco
Marco Van Basten celebrando su histórica volea

Un gol bellísimo, un gol imposible, un gol que cualquier aficionado al fútbol vuelve a él a menudo y se echa las manos a la cabeza. Lo firmó uno de los mejores delanteros de la historia, el holandes Marco Van Basten en la final de la Eurocopa 88 ante la URRS en el Olympiastadion de Múnich. El Milán de Sacchi dominó aquella final: el 1-0 fue obra de Gullit y el 2-0, el gol que cerró el encuentro, fue la inolvidable volea de Van Basten. Supuso el primer y único título internacional para la selección naranja.

Junto a la generación de Cruyff, la ‘Oranje’ de Gullit, Rijkaard, Van Basten y Koeman, es el mejor equipo que ha salido de las llanuras neerlandesas. Es inexplicable que este pequeño país, cargado históricamente de grandísimos jugadores, solamente tenga una Eurocopa en sus vitrinas.

4. Casualidad nórdica
Schmeichel en Suecia 92

La selección danesa estaba de vacaciones en el verano de 1992. No se habían clasificado para la Eurocopa de Suecia y sus mejores jugadores, los hermanos Laudrup, habían dejado el equipo nacional debido al juego ramplón y defensivo que proponía su entrenador Richard Møller Nielsen. Pero la fortuna aguardaba a la vuelta de la esquina. La Guerra de los Balcanes propició la expulsión de Yugoslavia y Dinamarca ocupó su lugar. El juego ramplón y defensivo, el muro de Schmeichel y la calidad de Brian Laudrup (que volvió para el torneo) eliminaron en semifinales al máximo favorito, la campeona del 1988, la Holanda de Van Basten, Gullit y Bergkamp. Un 2-0 a Alemania en la final supuso la primera e inesperada Eurocopa para los daneses. Michael Laudrup, el mejor jugador de la historia de DInamarca junto a Schmeichel, no jugó aquel torneo.

Otra peculiaridad de Suecia 92 es la primera (y última) participación de la selección de fútbol de la Comunidad de Estados Independientes, un equipo creado para esta Eurocopa tras la reciente desaparición de la Unión Soviética. No pasaron la fase de grupos, pero lograron dos meritorios empates ante Países Bajos y Alemania.

5. Epopeya helena
Cristiano Ronaldo presencia 1-0 de Charisteas

El torneo de 2004 parecía predestinado para Portugal. Era la anfitriona y por primera vez en años reunía un equipo plagado de estrellas. Figo, Rui Costa, Deco y un jovencísimo Cristiano Ronaldo alumbraban el once luso. Perdieron contra Grecia en el partido inaugural, pero ganaron a España y Rusia y pasaron como primeros de grupo a cuartos. Superaron agónicamente a Inglaterra (el penalti de Beckham a la grada) y en semifinales acabaron con los Países Bajos. De nuevo, Grecia aguardaba en la final.

La selección helena había sorprendido a propios y a extraños alcanzando aquella cita. Su plantilla era mediocre y su fútbol escaso y ultradefensivo. Pero eran un equipo: suplián su inferioridad cualitativa con trabajo, concentración y, por qué no, como todo equipo campeón, con fortuna.

Un gol de Charisteas acabó con el sueño luso. Grecia consiguió su primera Eurocopa en el Estádio da Luz y el trofeo viajó a la tierra entre el Jónico y el Egeo. Portugal tuvo que esperar 12 años más para levantar el título de campeones de Europa.

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